Con los discos duros ocurre lo mismo que con los cajones: cuantas más cosas se echan dentro y menos se ordenan, más difícil es encontrar lo que se busca. Por suerte, los ordenadores pueden organizarse sin tener que revolverlo todo.

Al guardar un archivo en una carpeta o buscarlo, estamos haciendo casi lo mismo que cuando guardamos o buscamos algo fuera del ordenador. La división en carpetas existe para facilitarnos las cosas, pero en realidad sólo controlamos cómo parece que está organizado todo. En el disco duro, la información se guarda de forma totalmente distinta.

Es decir, aunque tengas el escritorio y la carpeta «Mis documentos» hechos un desastre, el disco duro no tiene por qué estar desordenado. Es posible que tengas dificultades para localizar los archivos, pero al ordenador le resultará igual de fácil encontrarlos.

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Lo importante no es lo colocado que tengas el escritorio, sino que de vez en cuando hagas una puesta a punto del disco duro.

Con el tiempo, a medida que se crean, modifican y borran archivos, el disco va desordenándose. Cada vez que se añaden datos, el sistema les busca espacio y, a veces, divide los archivos y guarda cada parte en distintas zonas, un efecto conocido como «fragmentación». Cuanto más fragmentado está un archivo, más tiempo se tarda en encontrarlo y ponerlo a disposición del usuario. Es algo similar a lo que ocurriría si hiciéramos añicos un documento, lo echáramos a un archivador y luego tuviéramos que pegar los trozos uno a uno, algo que sería ridículo (si no, haz la prueba y verás).

¿Y cómo se soluciona la fragmentación? Pues, lógicamente, con la desfragmentación, un proceso que analiza cómo están distribuidos los archivos en el disco y reagrupa los fragmentos dispersos en el lugar más conveniente (por ejemplo, colocando los archivos que más se utilizan en la zona más rápida del disco).

Hasta aquí, todo bien, pero hay dos inconvenientes: el tiempo que se tarda en mover cientos de archivos y que hay que acordarse de hacerlo. Lo bueno es que, si desfragmentas el disco de vez en cuando, las desfragmentaciones sucesivas irán más rápido.

Windows tiene su propia utilidad de desfragmentación (consulta la documentación de Microsoft para ver las distintas maneras de usarla), pero también existen otros programas gratuitos o de pago que, además, incorporan otras funciones. 

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Windows tiene su propia utilidad de desfragmentación pero también existen otros programas que, además, incorporan otras funciones.

MyDefrag es un programa de desfragmentación gratuito compatible prácticamente con todas las versiones de Windows y con cualquier tipo de disco. Te permite elegir entre un mantenimiento rápido (con el que el rendimiento mejorará menos) o una optimización total, que llevará más tiempo.

Otra herramienta gratuita muy usada es Defraggler, que tiene funciones similares y permite programar desfragmentaciones periódicas que se harán automáticamente sin que tengas que preocuparte por ellas. Además, puede ejecutarse desde una unidad flash USB, algo muy útil si tienes varios ordenadores y quieres desfragmentarlos en poco tiempo.

Si prefieres un programa de pago, O&O defrag es una buena opción que ya lleva un tiempo en el mercado y va por la versión 12. Tiene ocho modos de desfragmentación distintos y puede ejecutarse en modo de salvapantallas. Es decir, cuando el sistema no esté ocupado con otras tareas, iniciará la desfragmentación para mejorar su funcionamiento.

Aunque la desfragmentación no hace maravillas, un disco muy fragmentado puede hacer que las aplicaciones tarden en cargarse y que el sistema en general vaya lento. Con un disco ordenado y unas cuantas mejoras, tendrás un equipo que irá mucho más rápido y te dará más tiempo para ordenar las carpetas, el escritorio, los archivadores… o, simplemente, para irte a tomar un café.